ECOS FRANCISCANOS//FRANTZISKOTAR BERRIAK

PASTORAL JUVENIL Provincia Franciscana de Aránzazu

 

“CARTA DESDE EL SÉPTIMO CIELO”


(Leída por joven con “estilo” directo y mucho sentimiento, también puede fotocopiarse para entregar a cada uno)


Hola troncos, ¿qué tal va vuestro rollo?

Hace tiempo que tenia pensado escribiros, pero no sabía cómo hacerlo... y además sé que tenéis poco tiempo para escuchar.

Imagino que algunos pensaréis que os escribo desde una nube, desde un lugar lejano e inalcanzable para vosotros, en un papel invisible y con tinta cogida del color del cielo...

No sé quien os habrá metido esos cuentos en la cabeza. Yo vivo en vuestra tierra, en vuestras mismas casas.

Y os escribo desde vuestros mismos corazones donde, por desgracia, a veces hace mucho frío y tirito por falta de calor.

A veces consigo hacer un poco de fuego con vuestro permiso y calentarme un poco, pero no tardáis en apagármelo; os gusta demasiado el frío, aunque creo que os pasáis toda la vida buscando el calor que os falta.

Me entran unas ganas inmensas de llorar cuando os veo deambular de una parte para otra mendigando el calor y el cariño que tenéis tan al alcance de las manos y no sois capaces de encontrar.

Me da pena cuando os veo abrir las ventanas de vuestro corazón cada mañana para dejar entrar el calor del sol de los que viven a vuestro lado y, por las tardes, cuando se mete el sol, las cerráis y os metéis en las madrigueras oscuras de vuestros sufrimientos y tristezas.

No digo nada de los días en que no sale el sol en vuestras vidas...No hay quien os mire a la cara esos días.

No podéis vivir así, guardándoos cada uno el calor de la vida, vuestra alegría, vuestra esperanza, para vosotros hasta que se os acaba y os queda el vacío y la tristeza.

¡Abrid vuestros corazones y transmitid vuestro calor a los demás! Nunca sentiréis frío así. El mundo será una inmensa hoguera que os dé calor a todos.

Pero vosotros preferís tener cada uno vuestro brasero, vuestra pequeña hoguera, hasta que se os acaba la leña. Entonces comenzáis a tener frío y a tiritar y os pasáis el resto del día llorando... Y yo, que estoy en vuestros corazones, en vuestras vidas, lloro también con vosotros.

Cuando una madre no tiene pan para alimentar a sus chavales; cuando un obrero pierde su trabajo porque el egoísmo de otro se lo quita; cuando un hombre se emborracha para olvidar sus penas y su dolor; cuando un hombre mata a otro porque necesita pan y libertad; cuando muchos sufren por culpa de unos pocos que se empeñan en hacer más difícil y triste esta vida de lo que ya es de hecho; cuando veo caras bajas, tristes, de fracaso, hombres aplastados por el sufrimiento que me gritan desde lo más profundo y árido de su dolor, se me saltan las lágrimas de los ojos y vuestros problemas me hacen llorar.

Yo también tengo corazón, aunque algunos os hayan dicho por ahí lo contrario

Por eso sigo enviando calor desde vuestro corazón; por eso enciendo hogueras por todas partes que puedan calentar poco a poco vuestra vida; por eso me paso las noches y los días escribiéndoos cartas de amor a cada uno, como los viejos enamorados que se quieren todos los días como el primero.

Habrá quien piense de vosotros que me estoy poniendo romántico y sentimental. No puedo por menos que hacerlo. Yo me sigo enamorando de vosotros cada día y os envío mis palabras de adolescente incorregible a cada momento.

Porque el día que bajé a la tierra y me quedé definitivamente con vosotros me comprometí hasta el fondo de vuestra vida: a soportar vuestro frío y vuestro calor, vuestras dudas y vuestras certezas, vuestros fracasos y vuestras alegrías, para ayudaros a ser un poco más felices de los que sois.

Porque cada uno de vosotros es, cuando estáis vivos, la carta de amor que yo dirijo hoy a todos los hombres, el mensaje de esperanza que aún me incita a creer en la vida.

No os empeñéis en perder la alegría. No ganaréis nada con eso.

Un abrazo a todos los que seguís creyendo en la vida y seguís buscando caminos nuevos en medio de la noche.