| ECOS
FRANCISCANOS//FRANTZISKOTAR BERRIAK PASTORAL
JUVENIL |
CREDO DE LAS
IMBORRABLES HUELLAS DE DIOS
EN LA INMENSIDAD Y FRAGILIDAD DE LA CREACIÓN
“Que es lo que ha de llevar a acoger a la persona, a Jesús y a su Espíritu, en modos fraternales y sororales. Se trata de convivir, no solamente de coexistir. Convivir lleva a mezclar caminos, a comulgar en planes de vida, a crear planteamientos compartidos. La vivencia de la presencia pasa por estos modos hondos de acogida y de compartir.” (F. Aizpurua)
Credo de carne y sangre,
adhesión a los colores naturales
de un Dios creador, libre y responsable;
no es fórmula, son líneas de corazón reverdecido, fuego
centelleante.
¿En qué creemos en el avanzado occidente?
Las doctrinas están vacías de sentido,
marginan a las Presencias Proféticas de testigos.
Hablamos de “nada”, “vacío”, conviven legiones
de dioses, la misericordia está ausente.
Humanidad trascendente,
¿por qué no volver a lo simple?
El verdadero credo describe a Dios en amor fiel:
consentir en ser querido, darse, cuidar: OPCIÓN CREYENTE.
Creer en los seres humanos reflejos del Dios que
nos amasó,
con especial predilección por los débiles, esperando recuperar
a los verdugos amargos,
porque también los creó, pero carecieron de amor.
Creo en la naturaleza brillo de su ser volcado.
Creo en las comunidades compañeras y abiertas,
fraternidad en la fe y esperanza,
fuerza que sostiene, y sin cortar las alas acompaña;
pequeña grey que no se considera única poseedora de la verdad.
Creo en todo signo dando amplitud a la ilusión,
descubriendo la realidad en crítica constructiva.
La fe no puedo considerarla como mía,
con sorpresa viene hacia mí como encuentro furtivo.
La vida, sacramento del Dios vivo,
gratitud, alabanza, respeto,
tacto sereno para convencer al violento,
latido humano de trascendencia estremecido.
Creo en esos testigos tuyos,
semilla y levadura que en su perderse
levantan al pobre, su dignidad vuelve a crecer,
retratos de tu ternura: ojos limpios, mano dispuesta al saludo.
Creo que él recrea, envuelve todo lugar: prados, montes, secas tierras;
acompañante fiel de alegrías, miedos;
alentador de nuestros trabajos, sueños;
lumbre que desata la rigidez de nuestras secretas penas.
Dios de aguas silenciosas, profundas, claras,
azul intenso transmisor del cielo: dulce ojo de Dios,
gracia callada en lo urbano y lo rústico.
especia que envuelve las hierbas amargas.
Tú, Señor sin siervos, permaneces
con nosotros
en la brisa suave, delicada, profética
de las comunidades de frontera: plasticidad de tu arcilla.
Caños de paz en movimiento, sonidos rumorosos.
(Para los que buscamos creer)