ECOS FRANCISCANOS//FRANTZISKOTAR BERRIAK

PASTORAL JUVENIL Provincia Franciscana de Aránzazu

 

PERCUSIÓN: MOSTRAR Y CELEBRAR MÁS QUE DEMOSTRAR

 

Antonio Martínez de la Fraternidad de Pajarillos, nos envía la siguiente reflexión... ¡¡¡Muy interesante!!!

 

“Haznos fieles a ti, fieles a tu palabra, fieles a tu voz, a tu voluntad, fieles a tu Evangelio, a la buena noticia; haznos fieles como eres tú. Fieles, fieles, cuando es de día y de noche también. Fieles, fieles a tu lado, contigo, por ti, para ti, en la calma y en la tempestad. Haznos fieles al sur, fieles a los pequeños, fieles en la lucha por un mundo mejor, fieles a los pobres, a los excluidos; haznos fieles como eres tú. Haznos fieles al pan, fieles a tu cuerpo, fieles a este vino, a la comunión, fieles sin complejos, fieles apasionados. Haznos fieles como eres tú.”

Es común entre nosotros que al hablar de nuestras celebraciones comunitarias se nos borre la ilusión de los ojos y, a lo sumo, un gesto estático de resignación pueble nuestra mirada. Recuerdo que leí hace algún tiempo un artículo de González Faus en donde expresaba esta impresión: “Me ha ocurrido a veces que un matrimonio amigo me dijera: <<Mira, nosotros por amor a la Iglesia, por fidelidad a ella y hasta por rutina, seguimos yendo a misa los domingos. Pero a los hijos no les podemos obligar a ir. Perderán la poca fe que les queda>>. Hace poco una religiosa joven de unos treinta años, uno de esos escasos milagros que ya difícilmente se encuentran, me contó que muchas veces, antes de algunas misas, reza <<pidiendo a Dios que aquella misa no le haga daño>>. A las chicas, por supuesto, tampoco se atreve a obligarlas a asistir con ese panorama.”

El problema no reside en ir o no a misa. Nuestros jóvenes, afortunadamente, no consideran las eucaristías como un precepto. El dilema está en si transmitimos vida o no. En vez de un mensaje cristiano entregado, las homilías se centran en si el preservativo es inmoral, en la mala configuración de la homosexualidad. Ante estos mensajes mi única reacción es marcharme del templo para trasladarme a otros lugares mucho más santos.

Al llegar a Valladolid me costó encontrar una comunidad donde poder celebrar el domingo. Tras unos cuantos intentos fallidos y que pusieron a prueba mi paciencia, incluso estuve tentado de no acudir ya que ya que me encontré con celebraciones mortecinas, desencajadas de la realidad, donde lo único que se abordaban eran cuestiones supuestamente morales en forma de riña infantil, siempre marcadas dentro de la misma obsesión sexual. Presbíteros que estaban perfectamente adiestrados en lo que no tenían que decir pero luego no sabían “qué decir”.

Con este panorama, sin embargo, la suerte me sonrió y descubrí un lugar donde se celebra, participa, se canta y se habla de la vida tal cual es y con sentido común. Y encima, utilizan la percusión: el ritmo de la caja, los bongos y palillos que actúan como eco, latido, ritmo de la Palabra de Dios que invita a ser responsables en su reino porque está cerca, es de siempre y siempre promueve el despegue y la liberación de toda persona humana.

Nos muestra su propuesta y nos invita por el nombre propio. No pretende captarnos, ni lavarnos la cabeza. Sólo desea que vivamos hasta el fondo. Cuando a los discípul@s les invita a ser pescadores de hombres, más que en las redes, está pensando en el mar. Un teólogo reflexiona así: “ser pescador de hombres es estar abierto al mayor de los universalismos, a creer que el entrelazamiento de vidas, la fraternidad universal, es el corazón del sueño de Jesús. Efectivamente, sólo se puede entrelazar la vida con el otr@ si se enmarca en la relación de que el otr@ es familia mía, senda común, proyecto compartido.”

A mis oídos regresa el eco de la percusión en un pulso que me sugiere que la celebración es de la comunidad: jóvenes, mayores, niños, parejas con la orientación sexual que elijan, alejados, disidentes....Vida creyente desde la mezcla, el mestizaje, la pluralidad en sintonía con el fluir de la creación.

“No estaba hecho
para la soledad,
para los caminos desiertos,
para las noches que no se comparten.
Lo suyo era la mezcla,
el mestizaje,
la urdimbre de corazones,
las almas entretejidas.
Por eso,
vio que echaban al lago
las redes de los pobres
y quiso que su vida con ellos
fuese también
una red,
un entrelazamiento,
un abrazo que no se deshace.
No podría ser obstáculo
ni la pobreza,
ni el distinto lenguaje,
ni los anhelos aún más distintos.
Los llamó a la mezcla
con la promesa
de otras más amplias,
universales.
Así de fecundo sería
su paso por la vida,
una misión de mestizaje,
de fraternidad total.
No hubo dilación,
inmediatamente,
desde ya mismo,
se unieron para siempre.
Sus sudores,
sus caminos,
sus esperas,
sus atisbos,
sus descansos,
sus gozos,
sus llantos....
una mezcla de inacabables horizontes.
Desde ahí entendieron
que otros más,
todos,
tendrían un hueco
en una cálida espiralidad.
Se estaba desvelando
la vocación de la vida
y el sentido del Reino:
mezcla,
urdimbre,
tejido,
amor......”
(Fidel Aizpurúa)

Un fuerte abrazo: Antonio Martínez.